Marta, ha decidido que, ahora, sí que le gusta el verano

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He decidido que el verano va a ser, a partir de ahora, mi estación favorita. El calor no me resulta especialmente agradable, pero creo que este año va a ser lo menos importante. Antes, hace unos años, cuando mis hijos todavía vivían en casa y seguía casada, el verano se me hacía largo, pesado y complicado. No me malinterpretéis, adoro a mis hijos. Pero no a mi exmarido y a sus padres. Sí, me parece que habéis atado cabos. Cuando los niños acababan del colegio, siempre por estas fechas, hacíamos las maletas, empaquetábamos media casa, cargábamos mi coche y nos íbamos casi dos meses al apartamento de la playa de los abuelos paternos de mis hijos. Mis dos hijos y yo. Mi marido se quedaba en casa hasta sus vacaciones. Aún así, venía los fines de semana a vernos.

Mis hijos, ya adolescentes, quedaban con sus amigos y yo pasaba las tardes con la madre de mi exmarido y un par de vecinas. Aburrido y tedioso, pero, ¿tenía otra opción? En aquel momento, trabajaba por horas de administrativa en un colegio y no volvía hasta septiembre. Un día, cansada de dar paseos por la playa y de tomar cafés con las vecinas, decidí coger el coche y volver a casa para cenar con mi marido y a pasar la noche con él. Pretendía sorprenderlo y darle una alegría al pobrecito, que se pasaba las semanas trabajando y soportando el denso calor de la ciudad.

Como os he dicho, quería darle una sorpresa, pero el que terminó por sorprenderme fue él. Una sorpresa de la que me costaría recuperarme. Había comprado algo de cena de camino y me disponía a entrar en casa, cuando oí voces desde fuera. Pensé que era la tele. Abrí la puerta y encontré a mi marido con otra. En mi sofá. Desnudos. No me vieron o eso quise pensar. Cerré la puerta y dejé todo aquello atrás. Volví a la playa con mis hijos y mis ex-suegros. Fui a la habitación de mi hija y me acurruqué con ella en la cama.

Acabó el verano y volvimos a casa, a la normalidad y a mi trabajo. A mi entorno. ¿Os habéis dado cuenta de que no he dicho a mi casa, con mi marido? Cuando llegaron sus vacaciones, vino al apartamento de la playa y actuó como si no hubiera pasado nada. Yo, también. Por mis hijos y por su familia. No por él. Al volver a casa, mi hijo se fue a la universidad y yo me mudé a su cuarto, con la excusa de que mi marido roncaba y no podía dormir. La razón para mi marido fue más que evidente. Sabía que me había enterado o que los había visto. Lo que no sabía es cuándo, cómo y hasta qué punto. A partir de entonces, empezó a pasar fines de semana enteros fuera de casa, después noches alternas y un par de años después, dejó de venir a casa definitivamente. Sin darme ninguna explicación. Con mis hijos seguía hablando y tengo constancia de que sigue haciéndolo. Imagino que, algún día de estos, me llamará para darme, firmados, los papeles del divorcio que le envié a casa de sus padres hace dos meses.

Volviendo al tema. Antes odiaba el verano. Por tener que irme de vacaciones al apartamento de la playa, por lo que pasó con mi marido, por lo tonta que era, por lo desgraciada y bloqueada que me sentía… Eso le pasaba a la antigua Marta. A una Marta renovada, eso ya no le importa. Ya no. A la nueva Marta, le gusta el verano. Aún me queda un mes en la clínica, pero las vacaciones están a la vuelta de la esquina y no puedo estar más emocionada. Igual que el mes pasado decidí redecorar mi casa, este mes he decidido que necesito un cambio de aires. Unas vacaciones para mi sola. Sin apartamento, sin playa, sin suegros, sin hijos y sin marido.

Adiós, calor y playas llenas de turistas. Hola, ¡Noruega! Sí, amigos, el otro día contraté un fantástico viaje al Norte de Noruega en una maravillosa página web de viajes para singles. 8 días para recorrer las islas Lofoten, descubrir los paisajes del norte de este precioso país nórdico, con empinadas montañas, flanqueando los profundos fiordos. Iré con un grupo de españoles a disfrutar de sus encantadoras marchas a pie y de sus relajantes trayectos en barco. ¡Así sí! Eso sí que son unas vacaciones.

 

La nueva etapa de mi vida había empezado a lo grande. Había tenido sexo con un yogurín (y no me arrepentía de ello), tenía amigas nuevas en el trabajo, una casa renovada y unas maravillosas vacaciones a la vista, donde podría relajarme, tomarme un tiempo para conocerme a mi misma y por supuesto, conocer a gente nueva. Dicen que viajar te abre la mente y yo voy dispuesta a comprobarlo.

Esta mañana he hablado con mis hijos por Skype y han alucinado conmigo. Ellos se han quedado con la antigua versión de su madre. Media hora después han entendido mi cambio de actitud (tranquilos, he obviado los detalles íntimos y me encuentro con Pablo) y me han animado además, a apuntarme a talleres y cursos cuando vuelva del viaje. Dicen que vendrán ambos a visitarme en unas semanas por mi cumpleaños, y de paso, me presentarán a sus parejas. ¡Aquello me pilló por sorpresa! Sabía que Jorge estaba con Laura; la había visto en fotos antes.  Pero, ¿Carla? ¿Desde cuando tenía pareja mi niña?

Como os comenté, Carla vivía en Berlin, trabajaba por las mañanas, en un call center y cuidando niños por las tardes. Vivía con una chica turca y un chico italiano. Sabía que le iba bien y que estaba contenta. Hasta aquel momento, Carla no había querido volver a casa por vacaciones. Sé que me quiere, porque me llama a menudo y me cuenta qué tal le va. Pero, también, sé que no ha querido volver a casa, desde que se graduó del instituto. Se enteró de la razón por la que su padre y yo nos separamos, quizás de la peor manera posible.

Lo importante es que quería volver. Y su hermano también. Aunque sólo fuese una semana, para celebrar mi cumpleaños y presentarme a sus parejas oficialmente. Sabía que cuando volvieran a casa todo sería distinto. Los muebles y la decoración, su madre e imagino que su padre. Todos éramos diferentes. Igual nos venía bien serlo. Igual todo era más sano y los prejuicios y bloqueos, que tenía la antigua Marta, habían desaparecido.

Por ahora, no puedo más que expresar mi emoción por la visita de mis hijos y por mis recién reservadas vacaciones. ¡Estoy impaciente!

Última modificación: 27/06/2017

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