Cuentos para dormir

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¿A quién no le han contado un cuento antes de dormir en su infancia?

Es una costumbre muy antigua, que los padres les cuenten un cuento a su hijos en la cama para que se duerman. Esta práctica aporta muchos beneficios, es una experiencia maravillosa que fortalece los vínculos entre padres e hijos y se refuerza la confianza entre ellos. Puede llegar a ser un momento mágico y muy educativo.

cuentos-para-dormirEl momento de ir a dormir para los niños pequeños, suele ser un mal de cabeza para muchos padres. Nunca tienen bastante y se inventan mil excusas para no ir a la cama. Por eso, el hecho de tener la rutina de contar todas las noches un cuento, puede ser divertido para ellos y facilitar esa labor.

Contar un cuento nueva cada noche, y hacerlo de viva voz, sin libros ni dibujos, facilita que los niños aprendan a prestar atención a algo distinto de un estímulo visual.

Los cuentos elegidos deben ser cortos, inspiradores y que huyan de situaciones conflictivas. Han de ser apropiados para la edad del niño y terminar siempre con una moraleja, ya que es lo último que se le quedará al niño en la mente antes de cerrar los ojos.

Aquí os dejamos dos cuentos, uno tradicional y otro no tan conocido pero muy apropiado para estas fechas navideñas, para que se los contéis a vuestros hijos por la noche y duerman como los angelitos:

 

 

La leyenda de la araña de Navidad

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Hubo una vez hace mucho, mucho tiempo, un hogar alemán en el que la madre se encargaba de limpiar la casa para celebrar el día más maravilloso del año.

Era el día de la Navidad. Ella limpiaba y limpiaba para que no pudiera ser encontrada ni una sola mota de polvo. Incluso limpió esos rincones en donde en muchas ocasiones al hacer mucho tiempo que no se limpia suelen aparecer minúsculas telas de araña. Las pequeñas arañas, viendo sus telas destruidas, huyeron y subieron a algún rincón del ático.

Por fin llegó la víspera del Día de Navidad.

En esa casa colocaron y decoraron con mucho orgullo y alegría el árbol, y la madre se quedó junto a la chimenea, esperando que sus hijos bajaran de sus habitaciones. Sin embargo, las arañas, que habían sido desterradas tras la ardua limpieza de la madre, estaban desesperadas porque no iban a poder estar presentes en la mañana de Navidad. La araña más vieja y sabia sugirió que podían ver la escena a través de una pequeña rendija en el vestíbulo.

Silenciosamente, salieron del ático, bajaron las escaleras y se escondieron en la pequeña grieta que había en el vestíbulo. De repente la puerta se abrió y las arañas asustadas corrieron por toda la habitación. Se escondieron en el árbol de Navidad y se arrastraron de rama en rama, subiendo y bajando, buscando esconderse en las decoraciones más bonitas.

Cuando Santa Claus bajó por la chimenea aquella noche y se acercó al árbol, se dio cuenta con espanto que estaba lleno de arañas. Santa Claus sintió lástima de las pequeñas arañas, sin embargo pensó que la dueña de la casa no pensaría lo mismo que él.

De inmediato, con un toque de magia, golpeó un poco el árbol y convirtió a las arañas en largas tiras brillantes y luminosas.

Desde entonces, en Alemania, todos los años, los abuelos les cuentan a sus nietos la leyenda de las Arañas de Navidad, y colocan con ellos las guirnaldas brillantes de colores en el árbol.

Y cuenta la tradición que siempre hay que incluir una araña en medio de cada decoración.

 

Caperucita Roja

caperucita roja
Hace mucho tiempo, en un país lejano había una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la niña la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.
Cierto día , su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuelita que vivía al otro lado del bosque, recomendándole que no se entretuviese en el camino, porque cruzar el bosque era muy peligroso, dado que siempre estaba acechando por allí el lobo feroz.

Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía
que atravesar el bosque para llegar a casa de su abuelita, pero ella no tenía miedo.

De repente vio al lobo feroz delante de ella.

– ¿A donde vas , niña? – le preguntó la bestia con su voz ronca.

– A casa de mi abuelita – contestó Caperucita.

El lobo se dio la vuelta, recordando que la casa de la anciana abuela no estaba lejos y salió corriendo. Caperucita puso su cesta en el césped y se entretuvo recogiendo flores. El lobo se ha ido, pensó, no tengo nada que temer. La abuelita se pondrá muy contenta cuando le lleve un hermoso ramo de flores además de los pasteles.

Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la abuelita, llamó suavemente a la puerta y la abuelita le abrió pensando que era su nieta Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había observado la llegada del lobo.

El lobo devoró a la abuelita, se puso su gorro rosa de dormir y se metió en la cama cerrando los ojos. No tuvo que esperar mucho, ya que Caperucita Roja llegó enseguida.

La niña se acerco a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.

– Abuelita, abuelita, ¡que ojos mas grandes tienes!

– Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.

– Abuelita, abuelita, ¡que orejas mas grandes tienes!

– Son para oírte mejor- simuló el lobo.

– Abuelita, abuelita, ¡que dientes más grandes tienes!

– Son para… ¡comerte mejoooor!- y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre Caperucita y la devoró al igual que lo había hecho con la abuelita.

Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las malas
intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la Abuelita.
Vio la puerta de la casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba. El cazador sacó su cuchillo y abrió la panza del lobo. La Abuelita y Caperucita estaban allí, ¡vivas!.

Para castigar al malvado lobo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayo en el estanque de cabeza y se ahogó.

En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero Caperucita Roja había aprendido la lección y prometió a su abuelita no hablar con ningún desconocido que se encontrara en su camino. De ahora en adelante, seguiría los consejos de su abuelita y de su mamá.

 

¿Ya se han dormido? 🙂

Última modificación: 24/05/2016

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