Dormir y descansar: no es lo mismo

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Muchos de nosotros pensamos que dormir y descansar es lo mismo, pero no estamos en lo cierto. Aunque son dos términos totalmente ligados, debemos saber que dormir es relajar la mente y descansar es relajar el cuerpo. Tú puedes descansar en tu cama, lo que no significa que necesariamente hayas tenido que dormir, y a su vez, puedes decir que has dormido aún cuando no hayas podido descansar. Así sí que queda claro que son dos estados diferentes.

Para entenderlo mejor contamos con un elemento muy importante, los ojos. Es imposible dormir sin cerrar los ojos, en cambio, en el descanso no es indispensable esta condición.  Hay una gran variedad de actividades que puedes hacer para descansar sin que sea necesario dormir. Cuando estás cómodamente sentado contemplando un paisaje,  tumbado en la playa escuchando el mar, incluso viendo la televisión en el sofá, estás en reposo sin estar dormido. En este caso, el estado de atención y de alerta se mantiene.

Cuando estás recostado en la cama o en el sofá leyendo un libro o viendo una película, sentado en un parque escuchando música o incluso, dando un paseo ligero, estás descansando. Esto se debe a que este descenso de la actividad física permite a tu cuerpo reducir el ritmo cardíaco y lograr una sensación placentera de descanso. Acto seguido conseguiremos entrar en la etapa de relajación, e incluso, ésta puede conducirnos a la del sueño.

¿Qué es lo que define exactamente el sueño? El sueño es la reducción cíclica del nivel de consciencia, que tiene como objetivo la recuperación diaria del organismo. Dormir no es opcional. Es totalmente necesario para tu cuerpo y al menos debes invertir en ello entre 7 y 9 horas, dependiendo de tu edad y ritmo de vida. Hemos hablado de la cantidad de horas que dedicamos a dormir, pero, ¿qué hay de la calidad, del provecho que sacamos a esas horas? La calidad del sueño se traduce en horas de descanso efectivas.

Entonces, ¿por qué en ocasiones no descansamos lo suficiente, aunque nos hayamos acostado a la hora de siempre? Pueden influir tres tipos de factores:

  • Biofisiológicos: en este caso pueden influir la edad, la cantidad de ejercicio físico que realizas, la nutrición, o tu estado de salud. A medida que envejecemos, la calidad de nuestro sueño y por tanto, nuestra capacidad para descansar, empeora. Todo puede afectar: desde la cantidad de comida que ingerimos en la cena hasta la hora en que lo hacemos, e incluso, el tipo de alimentos que consumimos en nuestra dieta, con sus propiedades y calorías, o las bebidas que nos ayudan a hidratarnos.
  • Psicológicos: este es el apartado dedicado a nuestras preocupaciones. A aquello que nos lleva de cabeza y nos impide dormir bien. Los problemas económicos, laborales, de pareja o afectivos, nos producen ansiedad, estrés o depresión, y en muchos casos, son los responsables de una mala calidad del sueño. Por ello, para estos casos se recomienda realizar ejercicios de relajación en casa, acudir a clases de yoga, tai-chi o meditación, o confiar en la ayuda médica de un profesional. También, ayuda tomar infusiones de hierbas con propiedades relajantes, que alivien nuestra ansiedad (melissa, lavanda, valeriana, tila, manzanilla, hierba luisa, pasiflora o jengibre).
  • Socioculturales: aquí influyen factores como nuestro estilo de vida, la forma en la que se distribuye nuestra jornada laboral, nuestros hábitos de consumo tecnológico (revisar nuestros perfiles sociales, consultar el WhatsApp o navegar por distintas páginas de Internet), así como ver la televisión en la cama o jugar a la consola antes de irse a dormir. Estos hábitos nada saludables interfieren en el descanso de nuestra mente y nos hacen mantener activo en cerebro, en horas en las que debería estar reposando u ocupado en otra actividad menos estimulante (sonidos, acción, colores o la cantidad de luz que desprenden las distintas pantallas, desde la de la televisión hasta la de nuestro móvil). Antes de irnos a dormir, nuestra mente debería estar relajada y alejada de estímulos que nos mantengan despiertos y activos.

Conociendo todos estos datos, ¿crees que duermes y descansas de forma conveniente tu cuerpo y mente? Dormir pocas horas y descansar poco, provocará que empieces a encontrarte mal, a sentir cansancio y somnolencia durante el día, que estés menos activo, despistado y más irritable, que comas peor o que no rindas adecuadamente en tus estudios o en tu trabajo. Normalmente, padecer insomnio o dormir mal suele ser algo circunstancial, ligado a una época de estrés, nervios o tristeza provocada por factores psicológicos, y se arregla con el tiempo. El problema real comienza si este estado de insomnio o disfuncionalidad del sueño se prolonga durante años y se convierte en una costumbre. No descansar bien, puede provocar, con el paso del tiempo, un envejecimiento precoz, un incremento de probabilidades de padecer enfermedades cardiovasculares, metabólicas (tanto hipertiroidismo como hipotiroidismo) o neurodegenerativas (como Parkinson o Alzheimer), e incluso, cáncer o trastornos alimenticios.

Entonces, ¿qué nos puede ayudar a dormir mejor y por tanto, a obtener un descanso de calidad? Aprender a dormir y a descansar adecuadamente es una estrategia de vida a tener en cuenta. Nosotros sugerimos lo siguiente:

  • Que evites hacer ejercicio intenso antes de dormir. Tu cuerpo seguirá activo y no te relajarás hasta pasado un buen rato. Lo que sí recomendamos es que realices unos ejercicios de la relajación o practiques un poco de yoga, sentado en tu propia cama. Esto ayudará a reducir tu ritmo cardíaco, a relajarte y a respirar mejor.
  • Que la temperatura de la habitación sea de 23ºC a 25ºC. Una temperatura adecuada y agradable favorece la conciliación del sueño y la relajación de nuestro cuerpo.
  • Que duermas con ropa cómoda. Trata de dormir con prendas que no te aprieten el cuerpo y que no tengan costuras/etiquetas que puedan rozarte y provocarte molestias durante el sueño. Duerme desnudo o con un pijama suelto, que favorezca la transpiración, la libertad de movimientos y que no deje marcas en tu piel.
  • Que cenes de forma ligera y mucho antes de acostarte. Intenta cenar unas tres horas antes de acostarte y elige un menú saludable, ligero y sin demasiadas calorías rápidas. Evita por tanto, un exceso de carbohidratos, azúcares o grasas, porque te activarán más y te proporcionarán un exceso de energía que no necesitas antes de dormir. Toma alimentos que te proporcionen una digestión más suave y que no tengan demasiadas calorías y ricos en proteínas y vitaminas, como por ejemplo, carnes y pescados blancos, verduras, frutas, huevos, leche o infusiones.
  • Que no te acostumbres a dormir con la televisión encendida. Dormir rodeado de estímulos auditivos o visuales puede provocar alteraciones en tu capacidad para dormir o disfuncionalidades. Duerme en silencio y en oscuridad total. Esto aumentará la cantidad de melatonina y por tanto, la cantidad y calidad de horas de descanso. Si te sirve de ayuda, cierra también las persianas y las puertas, o utiliza un antifaz para garantizar la oscuridad total. Si tu compañero de cama ronca o te llegan sonidos molestos de la calle, no dudes en utilizar tapones.
  • Que compres un colchón de buena calidad. Un colchón adaptado a tus necesidades, a tus movimientos y a la forma de tu cuerpo, es un colchón cómodo, que te ayudará a dormir mejor. Encuentra en la Tienda Home, el tipo de colchón que mejor se adapta a ti y disfruta de un descanso placentero y reparador.

Si cumples con todas estas recomendaciones y es muy probable que consigas dormir bien, y consigas felices sueños.

Última modificación: 05/04/2017

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