Marta tiene una cita con Samuel, el profe de Literatura

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Mis hijos aún no han llegado y no puedo esperar a verlos. Aún así, todavía me siento un poco contrariada por la presencia de mi ex en la comida familiar que celebraremos con mis hijos la semana que viene. Sigo molesta porque mi ex irá con su novia, esa que en su día fue su amante mientras estaba conmigo. Está claro que el tiempo pasa y todo lo cura, pero no se me quita de la cabeza lo que vi aquella noche que decidí sorprender a mi marido y volver a casa para cenar.

Estos pensamientos me asaltan de vez en cuando y no puedo evitar sentir rabia, decepción o tristeza por cómo acabó la relación con mi ex. El que había sido el amor de mi vida, aquella noche me rompió el corazón en trescientos millones de pedazos, dejándome incapaz de volver a sentir algo por un hombre. Hasta ese momento. Hasta que conocí oficialmente a Samuel. Bueno, más bien lo volví a encontrar. Samuel, el que fuera profesor de mis hijos en el colegio, amenaza con recomponer de nuevo mi corazón de la mejor manera posible. Con sinceridad, complicidad y amor.

Sé que es un poco pronto para decirlo en alto, pero he tenido dos citas maravillosas con él. Sí, fue mucho más que un café. Fueron dos días, con la promesa de muchos más. Quedamos el sábado por la tarde para tomar algo y charlar. Nos habíamos gustado aquella noche, pero aquel sábado por la tarde nos conocimos de verdad. Compartimos experiencias, anécdotas sobre nuestros hijos, nuestros propios divorcios o nuestra nueva vida. Recordaba cómo eran mis hijos en el colegio y a mi en las reuniones de padres. Curiosa y bonita coincidencia.

Le conté que me iba de vacaciones a Noruega este verano, y se mostró encantado. Me contó que estuvo en los fiordos hace un par de años, también solo. Intentando encontrarse a si mismo, pensar y aprender a estar solo. Eso fue lo que cambió mi manera de verlo todo. Estaba aprendiendo a estar sola. A conocer a gente nueva, a divertirme y a ser feliz sin depender de nadie. Me estaba proponiendo a mi misma, quererme más que a nadie y quedarme con quien me hiciera sentir mejor de lo que yo me sentía estando sola.

El café se alargó toda la tarde y se convirtió en un par de cervezas en el pub irlandés en el que nos volvimos a encontrar. Seguimos hablando de libros, de cine y de muchas cosas más. No podíamos parar de hablar y reírnos, así que al final decidimos ir a cenar algo. No queríamos despedirnos aún. No sólo me parecía muy interesante e inteligente, sino que también, me resultaba tremendamente atractivo. Tiene el pelo entrecano y las manos grandes.Parecía que no llevaba perfume, pero olía a hierba de limón. Un olor suave y cálido. Esa tarde-noche vestía una camisa blanca de algodón, unos pantalones vaqueros y unas sandalias de cuero. Tenía aires de viajero intrépido, de bohemio y de haber leído mucho.

Después de cenar, salimos a dar un paseo y a tomar un helado, mientras él, me acompañaba al coche. Antes de despedirnos me dio un beso en la mejilla y quedamos en vernos al día siguiente, para ver la nueva película de estreno. En ese momento, pude oler su perfume de cerca. Me fui a casa con una sonrisa y con una sensación maravillosa.

Al día siguiente, me recogió en casa y fuimos a la sesión de las seis de la tarde. No queríamos precipitarnos, pero nos sentíamos muy atraídos el uno por el otro. Me sentía más segura que nunca y tenía ganas de besarle. Como si fuéramos dos adolescentes, mientras estábamos en el cine, nos acariciamos la mano y nos miramos divertidos. Al salir del cine, me miró a los ojos y me acarició la cara, apartándome un mechón de la mejilla. Incliné la cara, dejándome acariciar y cerrando los ojos. Se acercó a mí y me susurró que le gustaba, y que quería seguir conociéndome mucho más. Me tomó suavemente por la cintura y me besó con delicadeza, pero con pasión. No quería que se estropeará esto que estaba naciendo entre nosotros por correr demasiado, pero no quería perder la oportunidad de conocerle, de dejarme llevar y de hacer realmente lo que deseaba hacer. Nos despedimos con otro beso y quedamos en hablar durante la semana para vernos pronto. Queríamos ir paso a paso.

Aquella tarde, volviendo a casa en metro, vi que se abría ante mí una nueva historia, una nueva forma de ver la vida y de entender todo lo que me estaba pasando. Todo aquello era nuevo para mi y me encantaba empezar a ver cambios. Mi antigua yo se estaba extinguiendo y la renovada estaba floreciendo con más fuerza que nunca.

Como he comentado antes, me sentía resentida con mi ex, pero después de este fin de semana, me siento más en paz conmigo misma, prefiero no guardarles rencor y seguir con mi vida. Por respeto a mis hijos, seré cordial, pero que no esperen nada más de mi. Ahora, nada me importaba más que estar bien conmigo misma, seguir conociendo a Samuel y volver a ver a mis hijos.

Última modificación: 14/07/2017

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