Marta, ahora sí que empieza tu aventura

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¿Preparada para vivir una experiencia única y hacer nuevas amistades? Con esta pregunta, he empezado hoy el día. He abierto mi correo y he leído el mensaje de confirmación que anoche me enviaba la agencia de viajes para singles con la que contraté mi viaje a Noruega. Desde que reservé mi plaza hasta hoy, mi vida ha cambiado un poco, pero no por ello me voy a privar de vivir una aventura como la que me espera.

¿Cómo ha cambiado mi vida? Ahora mismo no sé si soy single o no, pues he conocido a Samuel y parece que lo nuestro avanza. Con calma y sin complicaciones. Perfecto. Con el viaje, dejaré de verle 10 días, pero él seguirá aquí y mi oportunidad de conocer Noruega es efímera y probablemente, única en la vida. Cuando nos conocimos, hablé con Samuel de mis vacaciones y me animó a irme. Ayer, me lo repitió e insistió de que me vendría de maravilla para desconectar, relajarme y olvidarme del trabajo.

Ayer por la tarde, hablábamos de ello, mientras me acariciaba la espalda desnuda y jugueteaba con mi pelo. Verle a mi lado, con esa sonrisa tan pícara y bonita, mientras exploraba lo que se escondía bajo la sábana, me hace pensar en que es posible que la vida me esté dando una segunda oportunidad en el amor. No para ser feliz (que lo soy), sino para enamorarme y compartir mi vida con una persona tan excepcional como Samuel.

Marta, ¡déjate de sentimentalismos y sigue contando la historia! De acuerdo, como os iba diciendo, Samuel estaba acariciando mi espalda, tras haber pasado un rato jugueteando bajo las sábanas. Cada vez estábamos más desinhibidos y nos atrevíamos a experimentar un poco más. Cuando me arrinconaba contra la pared del recibidor, podía sentir sus manos fuertes pero suaves, sujetándome y atrayéndome hacia él. Quedábamos para cenar o comer juntos, y la mayoría de los días, las bolsas de la compra se quedaban en el recibidor, mientras pasábamos directamente al postre. Parecíamos unos niños de quince años, pero estaba siendo tan divertido…

La tarde de ayer fue especialmente intensa. Teníamos todo el día para nosotros, mis hijos se habían marchado a sus respectivas casas y mi viaje estaba cerca. En esta ocasión, vino él a mi casa. Estaba preparando un arroz y había sacado un vinito blanco. Esta vez pudimos pasar del recibidor con la ropa puesta y fuimos directos a comer. Mientras apagaba la vitro y sacaba el arroz, me susurró al oído: ‘Hoy prefiero guardar el postre para después, que viene con sorpresa…’. Mientras, se reía con picardía y me apartaba el pelo para besarme en el cuello. Echaría mucho de menos esos besos en Noruega. Sólo me iba a ir 10 días, pero me resultaban realmente adictivos.

Comimos en la terraza, mi espacio recién amueblado y redecorado, lleno de plantas y cojines donde recostarnos y disfrutar de la brisa que corría bajo la pérgola. Terminamos de comer y entonces sacó el postre y un sobre. Sí, parecía que tenía una sorpresa para mi: una tartita de chocolate y frambuesa (mi favorita) y algo, que prometía ser divertido, dentro de un sobre azul claro. Se sentó a mi lado para ver de cerca mi reacción y me tomó de la mano, diciéndome que luego me explicaría el significado de lo que aguardaba dentro, acompañado de un ‘¡Va, ábrelo ya!’. Creo que él todavía estaba más impaciente que yo. Por fin, abrí el sobre y saqué un papel impreso con unas reservas en un hotel rural, a menos de de dos horas en coche de casa. Entonces, me contó que como yo ya me iba a Noruega antes de conocernos, no quería interferir en mis planes y prefería que viviera la experiencia sola. No quería condicionarme. Esperaría a mi vuelta y tras unos días, nos iríamos a pasar el fin de semana al encantador hotel rural, donde había reservado, para al menos, disfrutar de unos días de vacaciones conmigo. No lo esperaba, pero ese gesto me ayudó a ver todavía más claro, que quería seguir conociendo a Samuel y disfrutando a su lado de una vida nueva y de esta nueva versión de Marta, que estaba empezando a pulir.

Lo besé y lo empujé sobre uno de los cojines que había en el suelo, y le susurré al oído un ‘¡Gracias, me ha encantado!’. En este caso, fui yo la que se abalanzó sobre él y empecé a besarle y a hacerle cosquillas, en esos lugares prohibidos que había ido averiguando durante las últimas semanas. Consiguió quitarme de encima, cogiéndome por la cintura y haciéndome una divertida llave de judo. Me miró a la cara, me besó en la nariz y me soltó un ‘Me encantas’, con la sonrisa más amplia y sincera que había visto hasta entonces. Nos repusimos, nos sentamos sobre los cojines y armados con una cuchara, nos dispusimos a dar buena cuenta del postre especial que había traído para mi.

Cuando habíamos dado un par de cucharadas a la tartita, se coló entre mis piernas y se escondió bajo la falda larga, que había decidido ponerme hoy para ir cómoda y fresca. Lo que ocurrió después fue una sucesión de mordisquitos suaves en los muslos, besos (muchos y muy apasionados) y sus manos abriéndose paso hasta mis caderas. Yo desde arriba, sólo veía un bulto que se movía entre mis piernas, pero por dentro sentía algo más. Lo que no podían ver mis ojos, lo sentía mi cuerpo. Lo único que pude ver en aquel momento fue mi ropa interior volando hacia un lado. Le retiré la falda de encima, me reclinó un poco, acercándome hacia él. Me quitó el vestido y me pidió que disfrutara, que hoy era mi día.

¿Cómo? ¿A qué día estábamos? Sí, Marta, estabais celebrando tu cumpleaños…y a lo grande. Aunque no era ese día, sino dos días después, a Samuel se le ocurrió darme una sorpresa y anticiparlo sin que me diera cuenta, ni lo esperara. Lo había planificado todo, porque el día de mi cumpleaños caía entre semana y quería hacer de mi día algo especial, con un pack, que según me explicaría después, estaba pensado para poner contentos a mis sentidos. Así fue como acabamos en la cama desnudos, con Samuel acariciándome la espalda y hablando de mi inminente y excitante viaje a Noruega, y por supuesto, de nuestro finde romántico en el hotel rural que había reservado.

Última modificación: 25/07/2017

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